«Era como un padre para ella». Así recuerdan aún los conocidos de Lewis Mattews la relación que llevaba con la hija de su novia, de apenas 10 años y quien fue su víctima de abuso sexual. Al verse descubierto, echó lejía en la zona genital de la pequeña, para pretender borrar  los rastros que lo terminaron culpando.

Los hechos ocurrieron en Tampa (Florida, Estados Unidos) en 2019. La niña dormía en su vivienda, donde Lewis, en ese entonces de 41 años, le quitó la ropa, la tocó de manera indecente y la abusó sexualmente. La mujer escuchó ruidos y bajó a la sala de su casa, donde la sorpresa fue mayúscula: halló al marido abusando de su hija.

La mujer, impactada, llamó a la policía, y Lewis  corrió con su hijastra  a una gasolinera. Allí  le echó lejía en los genitales, al querer  borrar las evidencias del abuso sexual.

El hombre botó la ropa interior de la niña a la basura. No le valió de nada; la encontraron y en ella había rastros de su ADN. El padrastro finalmente fue detenido y llevado a juicio.

El pasado lunes 28 de junio, la agencia EFE informó que la jueza Kimberly Fernández le impuso cadena perpetua, porque el jurado lo declaró culpable de tres cargos de abusos sexuales a menor y uno por tratar de ocultar evidencias físicas. (I)

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